24e.

28. La Tierra Nueva

En la Nueva Tierra, en que habita la justicia, Dios proveerá un hogar eterno para los redimidos y un medio ambiente perfecto para la vida eterna, amor, gozo y aprendizaje en su presencia. Porque allí mismo morará Dios con su pueblo, y el sufrimiento y la muerte ya habrán pasado. La gran controversia habrá llegado a su fin, y no habrá más pecado. Todas las cosas, animadas e inanimadas, declararán que Dios es amor; y Él reinará para siempre. Amén.

(Véase también 2 Pedro 3:13; Isaías 35; Isaías 65:17-25; Mateo 5:5; Apocalipsis 21:1-7; Apocalipsis 22:1-5; Apocalipsis: 11:15).

27. El milenio y el fin del pecado

El milenio es el reinado de mil años de Cristo con sus santos en el Cielo entre la primera y la segunda resurrección. Durante este tiempo serán juzgados los impíos muertos; la Tierra estará completamente desolada, sin habitantes humanos vivos, aunque estará ocupada por Satanás y sus ángeles. Al fin de ese período, Cristo con sus Santos y la Santa Ciudad descenderán del cielo a la Tierra. Los impíos muertos serán entonces resucitados y, con Satanás y sus ángeles, cercarán la ciudad; pero el fuego de Dios los consumirá y purificará la Tierra. El Universo será liberado para siempre del pecado y de los pecadores.

(Véase también Apocalipsis 20; 1 Corintios 6:2-3; 2 Pedro 3:7; Jeremías 4:23-26; Apocalipsis 21:1-5;Malaquías 4:1; Ezequiel 28:18-19).

26. La muerte y resurrección

La paga del pecado es la muerte. Pero Dios, el único que es inmortal, concederá vida eterna a sus redimidos. Hasta aquel día, la muerte es un estado inconsciente para todas las personas. Cuando Cristo, quien es nuestra vida, aparezca, los justos resucitados y los justos vivos serán glorificados y tomados para encontrarse con su Señor. La segunda resurrección, la resurrección de los injustos, tendrá lugar mil años después.

(Véase también Romanos 6:23; 1 Timoteo 6:15-16; Eclesiastés 9:5-6; Salmo 146:3-4; Juan 11:11-14;Colosenses 3:4; 1 Corintios 15:51-54; 1 Tesalonicenses 4:13-17; Juan 5:28-29; Apocalipsis 20:1-10).

25. La segunda venida de Cristo

​​La segunda venida de Cristo es la bendita esperanza de la Iglesia, el gran clímax del Evangelio. La venida del Salvador será literal, personal, visible y global. Cuando Él regrese, los muertos justos resucitarán, y junto a los vivos justos serán glorificados y tomados a los cielos, pero los injustos morirán. El casi completo cumplimiento de la mayoría de profecías, junto con la presente condición del mundo, indican que la venida de Cristo es inminente. El momento de ese evento no ha sido revelado, y por lo tanto se nos exhorta a estar preparados en todo momento.

(Véase también Tito 2:13; Hebreos 9:28; Juan 14:1-3; Hechos 1:9-11; Mateo 24:14; Apocalipsis 1:7; Mateo 24:43-44; 1 Tesalonicenses 4:13-18; 1 Corintios 15:51-54; 2 Tesalonicenses 1:7-10; 2 Tesalonicenses 2:8; Apocalipsis 14:14-20; Apocalipsis 19:11-21; Mateo 24; Marcos 13;Lucas 21; 2 Timoteo 3:1-5; 1 Tesalonicenses 5:1-6).

24. El ministerio de Cristo en el santuario celestial

​​Hay un santuario en el Cielo, el tabernáculo verdadero que levantó el Señor y no el hombre. En él, Cristo intercede en nuestro favor, haciendo accesibles a los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio ofrecido una vez para todos en la cruz. Él es nuestro gran Sumo Sacerdote y comenzó su ministerio intercesor en ocasión de su ascensión. En 1844, a final del período profético de los 2.300 días, inició la segunda y última fase de su ministerio expiatorio. Es una labor de juicio investigador que forma parte de la disposición final de todo pecado, tipificado por la purificación del antiguo santuario hebreo en el día de la Expiación. En aquel servicio tipo el santuario era purificado con la sangre de sacrificios animales, pero las cosas celestiales son purificadas con el sacrificio perfecto de la sangre de Jesús. El juicio investigador revela a las inteligencias celestiales quiénes de entre los muertos que duermen en Cristo y por lo tanto, en Él, son juzgados dignos de tener parte en la primera resurrección. También se hace manifiesto quiénes, de entre los vivos, están morando en Cristo, guardando los mandamientos de Dios y la fe de Jesús, y en Él, por lo tanto, están preparados para ser trasladados a su reino eterno. Este juicio vindica la justicia de Dios al salvar a aquellos que creen en Jesús. Declara que aquellos que han permanecido fieles a Dios recibirán su reino. La culminación de este ministerio de Cristo señalará el fin del tiempo de gracia para los seres humanos, antes del segundo advenimiento.

(Véase también Hebreos 8:1-5; Hebreos 4:14-16; Hebreos 9:11-28; Hebreos 10:19-22; Hebreos 1:3;Hebreos 2:16-17; Daniel 7:9-27; Daniel 8:13-14; Daniel 9:24-27; Números 14:34; Ezequiel 4:6; Levítico 16; Apocalipsis 14:6-7; Apocalipsis 20:12; Apocalipsis 14:12; Apocalipsis 22:12).